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Declaración de Nueva York, 14 de septiembre 2005

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Nueva York, 14 de septiembre de 2005

Declaración sobre las fuentes innovadoras de financiación del desarrollo

Por iniciativa del presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, nos reunimos en Nueva York el 20 de septiembre de 2004 para decidir cómo continuar nuestra acción contra el hambre y la pobreza, y aumentar por consiguiente la financiación a favor del desarrollo.

Desde entonces, se han registrado importantes progresos. La lucha contra el hambre y la pobreza se ha intensificado. La comunidad internacional cada vez presta más atención a las fuentes de financiación innovadoras. Este tema ya se aborda con regularidad en los debates que tienen lugar en las Naciones Unidas sobre la financiación del desarrollo, y figura en el orden del día de las reuniones de las instituciones financieras internacionales y otros grandes foros internacionales.

Nuestros países están decididos a traducir sus compromisos financieros comunes en avances concretos. Estamos convencidos de que los Objetivos de Desarrollo del Milenio no podrán alcanzarse en numerosos países si el nivel de ayuda se mantiene a los niveles actuales.

Es urgente incrementar los recursos destinados a la lucha contra el hambre y la pobreza mediante una mayor movilización de los recursos propios de los países en desarrollo, un sistema comercial internacional abierto y justo y el aumento de la ayuda pública al desarrollo. Los mecanismos innovadores de financiación pueden resultar útiles a este respecto si los unimos y sumamos a las fuentes de financiación más tradicionales.

En los países en desarrollo es fundamental que la movilización sea más activa. Y es posible lograrlo favoreciendo la buena gestión de los asuntos públicos y combatiendo la corrupción, aplicando políticas apropiadas para fomentar la actividad del sector privado, así como mejorando la recaudación de impuestos y reduciendo la evasión fiscal. Los esfuerzos que se están llevando a cabo actualmente para combatir la evasión fiscal no deben relajarse en ningún momento.

Es evidente que la ayuda pública al desarrollo es fundamental para cualquier estrategia de desarrollo, especialmente en los países más pobres. Por eso instamos a todos los países desarrollados a esforzarse en alcanzar, de aquí a 2015, un nivel de ayuda pública al desarrollo del 0,7 % de su INB, objetivo que algunos ya han adoptado o alcanzado.

Pero no sólo necesitamos recursos adicionales: también son necesarios recursos de nueva índole. La calidad de la ayuda es tan importante como su cuantía. Tenemos la certeza de que unos flujos de ayuda más estables y previsibles aumentarían considerablemente la eficacia de la ayuda y su incidencia en la pobreza. Contribuirían a poner en práctica políticas de desarrollo más responsables y mejor controladas por los países beneficiarios. Para alcanzar esa estabilidad y previsibilidad, existen diferentes opciones entre las que figura la asignación de derechos especiales de giro y medidas coordinadas para alentar las contribuciones privadas voluntarias.

Vamos a seguir estudiando la Facilidad Internacional de Financiación (acompañada de mecanismos de refinanciación en caso de ser necesario) presentada por el Gobierno británico, que cuenta con el respaldo de un grupo de países.

Respaldamos la creación de tasas internacionales como elemento del sistema de financiación del desarrollo. Estamos decididos a alcanzar un consenso sobre este punto. Estas contribuciones se recaudarían a escala nacional y se coordinarían a escala internacional. Son especialmente adecuadas en aquellos ámbitos en los que la necesidad de estabilidad y previsibilidad es mayor y durante más tiempo. A largo plazo, estas tasas garantizarían la continuidad de la financiación del desarrollo.

Las remesas de los emigrantes desempeñan un papel clave en el desarrollo de los países en desarrollo, que son los principales beneficiarios, al representar el 65% del total. Para todos esos países, estas remesas son la segunda fuente principal de capital. Es, por tanto, una prioridad reducir urgentemente el costo de esas remesas. Para ello, se está preparando un proyecto de resolución que será examinado por la Asamblea General de las Naciones Unidas. También tenemos previsto lanzar iniciativas concretas, basadas en los recientes trabajos de un grupo de países y organizaciones internacionales en este ámbito.

A corto plazo, vamos a trabajar para profundizar y desarrollar el proyecto piloto de contribución de solidaridad sobre los billetes de avión a favor de un desarrollo global y sostenible, que respaldan Alemania, Brasil, Chile y Francia. El objetivo de dicho proyecto es luchar contra el hambre y la pobreza, y financiar el desarrollo sostenible a escala mundial, especialmente en materia de lucha contra el VIH/sida y las demás pandemias.

Este mecanismo se basaría en una contribución de solidaridad de baja cuantía retenida de los billetes de avión vendidos a los pasajeros que despeguen del territorio de los países participantes. Cada uno de esos países tendría la facultad de establecer, en función de sus prioridades nacionales y tomando en cuenta, si procede, criterios económicos, sociales y ecológicos, una diferenciación entre los billetes de primera clase o de clase business y los de clase turista, así como entre vuelos internos y vuelos internacionales. Convendrá tener en cuenta las diferencias de capacidad entre países desarrollados y países en desarrollo. El importe de esta contribución se fijará de manera que incida lo menos posible en las empresas de transporte aéreo, la actividad turística y los viajeros.

Desde el punto de vista jurídico, este mecanismo combinaría la retención de las contribuciones en cada país y su coordinación a escala internacional. Los países participantes definirían las modalidades de su cooperación de acuerdo con la legislación nacional.

Estamos de acuerdo en conseguir la participación del mayor número posible de países en este mecanismo, formando así una «masa crítica» que permita reducir cualquier posible efecto residual en la competencia y aumentar la eficacia del mecanismo. Por la misma razón, los pasajeros en tránsito deberían quedar exentos de la contribución de solidaridad.

Vamos a seguir trabajando juntos para profundizar y hacer avanzar los proyectos de contribuciones de solidaridad con el impuesto sobre los billetes de avión a la cabeza. Saludamos la propuesta de Francia de acoger, de aquí a febrero de 2006, una reunión de alto nivel dedicada a esta iniciativa, así como el compromiso asumido por algunos países de desbrozar el camino al implantar esta contribución sobre los billetes de avión tan pronto como sea posible, en 2006.

Seguimos plenamente comprometidos en la lucha contra el hambre y la pobreza como prioridad de la comunidad internacional. Estamos convencidos de que las fuentes innovadoras de financiación constituirán un instrumento esencial en esta lucha. Esperamos sinceramente que todos los países y todas las instituciones que comparten nuestros objetivos se unan a nosotros en este esfuerzo.

El 23 de diciembre de 2009

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