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Presentación de David Hillman sobre el impuesto sobre las transacciones financieras

El impuesto sobre las transacciones financieras

Presentación de David Hillman de Stamp Out Poverty en la conferencia de las Naciones Unidas sobre financiación del desarrollo– Doha, Qatar, 29 de noviembre de 2008 – en el evento paralelo:

Financiación innovadora del desarrollo: de Monterrey a Doha, hacia un cambio de escala.

Gracias, señor presidente, y gracias también a los organizadores de este evento paralelo, y particularmente al Grupo piloto, por haberme invitado a expresarme ante ustedes.

¿Cuál es la finalidad de las financiaciones innovadoras del desarrollo? Conseguir flujos de ingresos previsibles y a largo plazo, que permitan crear bienes públicos globales para generar beneficios sustanciales que mejoren y garanticen la existencia de todos.

¿Por qué las ONG y autoridades de renombre debaten desde hace tiempo sobre una tasa sobre las operaciones de cambio para financiar el desarrollo? Por una razón muy sencilla: entre todas las opciones posibles, la amplitud de ese mercado lo convierte en un caso aparte. Las otras, en comparación, son muy pequeñas. De todas las fuentes de ingresos, ésta es (por utilizar una expresión francesa) la crème de la crème, la flor y nata. ¿Por qué? Porque el mercado del que hablamos aquí es el de los intercambios de dinero, y resulta que es la mayor fuente de ingresos del mundo sin explotar.

Conocemos desde hace mucho tiempo el potencial que brinda la utilización de los instrumentos del mercado financiero para generar recursos. Las tasas sobre las operaciones financieras se aplican desde hace años a instrumentos como las acciones y las obligaciones. Existen en muchos países: India, Colombia, Estados Unidos, China y Reino Unido –el Tesoro Público recauda con la tasa sobre el registro de títulos en Reino Unido (fijada en el 0,5 %) miles de millones de libras al año. La tasación de las operaciones financieras no es inhabitual, lo que quizá sí es extraordinario es que las transacciones financieras estén exentas desde hace tanto tiempo.

El volumen del mercado de cambio es inmenso y está en expansión. En 2004, se intercambiaron en los mercados 1,9 billones de dólares al día, lo que representa 500 billones de dólares al año. En 2007, el volumen total fue de 800 billones de dólares, lo que representa un incremento del 71 %. Las cifras de 2008 indican un volumen de más de 4 billones de dólares diarios, lo que representa más de 1.000 billones al año Y durante esta crisis financiera, como en muchos otros campos (en los mercados financieros), el Forex sigue en expansión. Es, por tanto, una fuente de ingresos muy sólida.

Pero, seamos realistas. Cuando hablamos de tantos millones y billones, en realidad nos es muy difícil imaginarnos esos importes. Permítanme que les presente una ilustración. Un paquete de billetes de 100 dólares de la misma altura que yo (1,80 m aproximadamente) representa un millón de dólares. En 2004, el volumen de las transacciones diarias, 1,9 billones de dólares, representaría un paquete de billetes de 100 dólares de más de mil kilómetros y medio de altura, una torre de dinero que iría lejos en el espacio. ¡Y eso sólo en un día de transacciones! El importe anual de las transacciones (sabiendo que un año financiero tiene 250 días hábiles) representaría una torre de billetes de 100 dólares de más de 400.000 km de altura. En realidad, 400.000 km es la distancia entre la Tierra y la Luna. Así que, en realidad, el volumen del mercado de cambio de 2004 equivale a una torre de billetes de 100 dólares que pondría en contacto la superficie de la Tierra con la de la Luna. Pero eso era en 2004.

¿Y hoy? Resulta que el mercado se ha duplicado en estos cuatro años. Lo que quiere decir que hoy, la torre de billetes de 100 dólares no sólo llegaría hasta la Luna sino que volvería a la Tierra. Lo que hay que entender es que una ínfima parte de esa enorme torre de billetes podría redistribuirse para garantizar las necesidades vitales. ¿Es demasiado pedir en el marco de esta conferencia sobre la financiación del desarrollo?

¿Por qué esta propuesta es técnicamente factible? En primer lugar, porque el mercado es totalmente electrónico. La recaudación está informatizada. El pago es automático en cuanto se cierra una transacción. Por eso es posible implantar esa tasa de modo eficaz y a bajo costo, evitando los principales riesgos de evasión.

En segundo lugar, el tipo de la tasa sobre las transacciones financieras estipulado en medio punto de base o la mitad de una centésima del 1 % (0,005 %) es demasiado bajo para influir en los procesos de decisión y, sin embargo, es suficientemente elevado para generar un flujo sustancial de ingresos. (Cabe apuntar, por otra parte, que ese tipo no lo ha decidido Stamp Out Poverty, lo ha propuesto el City of London think-tank, Intelligence Capital, cuyo presidente, Avinash Persaud, acaba de ser designado presidente del grupo de trabajo de las Naciones Unidas sobre la crisis financiera, dirigido por el profesor Joseph Stiglitz).

En sus trabajos para la Universidad de las Naciones Unidas del año pasado, el profesor Rodney Schmidt realizó el modelo econométrico más detallado en la actualidad, que demuestra que un tipo del 0,005 % una tasa tan ínfima que no afectaría a la estructura del mercado generaría al mismo tiempo unos ingresos potenciales de entre 33.000 y 60.000 millones de dólares al año.

En tercer lugar, UNITAID, que se financia principalmente con impuestos sobre los billetes de avión (y que ha contribuido a reducir los costos de los medicamentos y a desarrollar nuevos tratamientos contra el HIV/SIDA, la tuberculosis y la malaria) es un precedente pertinente en la utilización de tasas recaudadas a escala nacional, agrupadas a escala internacional y asignadas a bienes públicos globales. Así mismo, UNITAID ha operado basándose en una «coalición de voluntariado» que no requiere una participación universal para funcionar. Constituye también un precedente clave para la instauración de un impuesto sobre las transacciones financieras.

Las críticas suelen explicar que una tasa sobre las transacciones sólo funcionaría si la aplicaran todos los países de concierto. Eso es un mito y quiero rebatirlo. Unos países pueden aplicar una tasa sobre las operaciones de cambio en su propia moneda si así lo deciden. Este argumento de participación universal –también denominado argumento multilateral constituye una táctica de bloqueo y es, sencillamente, falso.

El cuarto punto que querría tratar es, en realidad,una pregunta: ¿creen que sería cierto que si un país quisiera instaurar una tasa sobre las transacciones financieras en su propia moneda no podría hacerlo? Claro que podría, si quisiera hacerlo. No estamos frente a un bloqueo técnico sino más bien frente a una barrera política.

Sin embargo, en este contexto de crisis financiera, es importante considerar si es el buen momento o no para promover tal medida. Dado que los bancos están en una posición delicada, podemos preguntarnos si es el momento oportuno para proponer una tasa a un sector de negocios que hasta el momento no se había tocado. Respecto a esto último, me referiré a la amplitud de la cobertura mediática que suscita esta propuesta. La prensa británica se ha inclinado últimamente por crear una tasa sobre las operaciones de cambio para recaudar les fondos necesarios para evitar la bancarrota de los bancos. Jeffrey Sachs ha propuesto que se utilice para ampliar el tesoro de guerra del FMI. El Gobierno austriaco ha imaginado que sirva para financiar el presupuesto de la UE. Además, respecto a la demanda de fondos para el cambio climático, teniendo en cuenta la conferencia de Copenhague del próximo año, una tasa sobre las operaciones de cambio formará seguramente parte de los debates sobre la financiación de las medidas para adaptarse al cambio climático. Quiero decirles que, efectivamente, estamos en el momento oportuno para desarrollar esta propuesta, que se convierte en algo de fácil aplicación política. Y es lamentable que no se defienda esta idea.

A modo de conclusión, querría preguntarles, cuando la situación financiera nunca ha sido más compleja y que el mundo se enfrenta a múltiples crisis vinculadas entre sí: ¿podemos ofrecernos el lujo de no explotar una fuente de ingresos tan importante como la tasa sobre las transacciones financieras?

Tenemos grandes expectativas en la siguiente conferencia del Grupo piloto en París, en la primavera de 2009, y en la toma de conciencia del papel de ese grupo para promocionar financiaciones innovadoras del desarrollo. Al debatir si la tasa sobre las operaciones de cambio podría servir para evitar la bancarrota de los bancos o para financiar el FMI, si somos serios en cuanto a hacer que esta propuesta se convierta en realidad y a pagar el precio de la financiación del desarrollo, debemos imprimir la voluntad de su instauración bajo los auspicios del grupo piloto, como la próxima tasa de solidaridad después de UNITAID. El tiempo de las palabras ya ha pasado y acaba de empezar el de la acción. Pongámonos de acuerdo en que un grupo de países líderes del grupo piloto pongan en marcha esta propuesta. De hecho, pido a Philippe Douste-Blazy, en el marco de sus funciones en la ONU y de su papel en este grupo piloto, que nos ayude a organizar un encuentro de los países más interesados en la instauración de la tasa sobre las transacciones financieras para que podamos acelerar el proceso y podamos por fin anunciarlo cuando el grupo se reúna la próxima vez en París, y comunicar esta propuesta, de tan gran potencial, al resto del mundo.

Gracias por su atención.

El 23 de diciembre de 2009

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